
Es preferible sacrificar un CD barato y reemplazable, a arriesgar un disco original
No empezaremos en esta ocasión a debatir un tema tan volátil como el de la piratería, o sus clásicas bifurcaciones como si se está a favor o en contra de ella, cómo se evita, o cómo se combate. Este artículo apunta a solucionar un problema que es tan cotidiano, que es difícil ignorarlo. Pero de todas formas, intentaremos cumplir con nuestra cuota de ética, y lo expondremos con un ejemplo dentro de la ley. Supongamos que te has gastado una insalubre cantidad de euros en ese juego que estabas esperando. Y ya no toleras que tu corazón se encoja como una aceituna, cada vez que debes insertar el disco original en la unidad óptica para poder jugarlo. En muchos países alrededor del mundo existen leyes que autorizan al usuario a poseer una copia funcional del contenido de un disco (sea juego, programa, audio o vídeo), siempre y cuando sea usada de manera personal, y no se lucre de ninguna forma con ella. Por lo tanto, desde el punto de vista del usuario, cualquier protección anti-copia colocada en un disco puede ser considerada ilegal, y en algunos casos, hasta inconstitucional. Estamos seguros de que algún letrado en leyes puede aclarar este asunto en un par de minutos, pero el hecho es que si el dueño de un juego quiere hacer una copia del mismo para utilizar esa copia y no exponer a daño y desgaste al disco original, se encontrará con una copia inservible, a menos que haga algo.
Ese algo, en el caso de los juegos, se llama crack. En resumen, un crack no es otra cosa más que el ejecutable del juego, modificado de manera tal que ignore, evada, o elimine cualquier chequeo anti-copia presente. Aplicar un crack requiere un nivel básico de conocimiento, como copiar, mover, y renombrar archivos. Sabiendo exactamente qué hacer, y dónde buscar, aplicar un crack puede tomarte menos de un minuto.